El estudio Evaluación de la reducción del consumo y la abstinencia como resultados en ensayos de farmacoterapia para el trastorno por consumo de estimulantes: un metaanálisis de 12 ensayos controlados aleatorizados, publicado en la en la revista científica JAMA Psychiatry está firmado por Masoumeh Amin-Esmaeili, Mehdi Farokhnia, Ramin Mojtabai, Lorenzo Leggio, Renee M. Johnson y Ryoko Susukida. El artículo analiza si la reducción del consumo de cocaína o metanfetamina puede aportar información relevante sobre la eficacia de los tratamientos farmacológicos, además de la abstinencia completa, que tradicionalmente ha sido uno de los principales resultados utilizados en los ensayos clínicos.
El punto de partida es que los trastornos por consumo de cocaína y metanfetamina representan un importante problema de salud pública y que, pese a décadas de investigación, no existe todavía un tratamiento farmacológico aprobado para el trastorno por consumo de estimulantes. El estudio plantea que utilizar exclusivamente la abstinencia completa como indicador de éxito puede ser un criterio demasiado exigente en ensayos clínicos de duración limitada y dejar fuera otros cambios que podrían tener relevancia clínica.
Para estudiar esta cuestión, los investigadores realizaron un metaanálisis con datos individuales de participantes procedentes de 12 ensayos clínicos aleatorizados y multicéntricos, financiados por el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA) y realizados entre 2001 y 2011. Los análisis para este nuevo trabajo se llevaron a cabo entre agosto de 2024 y noviembre de 2025. En total se incluyeron 2.000 participantes: 1.134 procedían de ensayos sobre dependencia de cocaína y 866 de estudios sobre dependencia de metanfetamina. Los medicamentos estudiados en los diferentes ensayos fueron topiramato, bupropión, modafinilo, ondansetrón, tiagabina, cabergolina, reserpina, selegilina y baclofeno. Todos se compararon con placebo en estudios doble ciego y, con independencia del grupo asignado, todos los participantes recibieron terapia cognitivo-conductual.
Los autores compararon dos formas de medir los resultados. Por una parte, analizaron la reducción del consumo, definida como pasar de una frecuencia elevada —cinco o más días de consumo al mes— a una frecuencia baja —entre uno y cuatro días—, o bien alcanzar la abstinencia. Por otra, estudiaron específicamente la abstinencia, que debía estar respaldada por pruebas toxicológicas de orina negativas durante el último mes de tratamiento.
Los resultados muestran una diferencia importante entre ambas medidas. En el conjunto de los ensayos, el 31,2% de las personas participantes, en términos ponderados, consiguió reducir el consumo, mientras que el 13,3% alcanzó la abstinencia al final del ensayo. Sin embargo, cuando se compararon conjuntamente todos los tratamientos farmacológicos activos con el placebo, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas ni en la reducción del consumo ni en la abstinencia. Tampoco aparecieron diferencias significativas cuando los investigadores analizaron por separado los ensayos sobre cocaína y los realizados con metanfetamina.
Al estudiar cada medicamento individualmente, ninguno mostró un beneficio estadísticamente significativo frente al placebo para conseguir la abstinencia. La principal excepción al analizar la reducción del consumo apareció con la cabergolina: en los ensayos sobre cocaína, este fármaco se asoció con una proporción significativamente mayor de participantes que redujeron su consumo en comparación con el grupo placebo. Los autores presentan este resultado como una señal que merece seguir investigándose, no como una demostración definitiva de que la cabergolina sea eficaz para tratar el trastorno por consumo de cocaína.
El trabajo también llama la atención sobre el hecho de que las reducciones del consumo fueron frecuentes tanto entre quienes recibieron medicación como entre quienes recibieron placebo. Los autores señalan que esto puede estar relacionado con otros elementos presentes en los ensayos, como la motivación de los participantes, las expectativas, el apoyo conductual o el propio contacto continuado con los servicios sanitarios.
A partir de estos resultados, el estudio defiende que los ensayos clínicos sobre tratamientos para el consumo de estimulantes podrían beneficiarse de evaluar un continuo de resultados, en lugar de considerar únicamente la abstinencia completa. Según los autores, una reducción del consumo puede revelar señales de posible eficacia que pasan inadvertidas cuando todo consumo posterior al inicio del tratamiento se interpreta como un fracaso.
El artículo, no obstante, señala varias limitaciones. Entre ellas están las diferencias de tamaño entre los grupos placebo y los grupos correspondientes a cada medicamento, la posibilidad de sesgos relacionados con datos faltantes y la necesidad de validar mejor qué niveles de reducción del consumo se traducen en mejoras clínicas, funcionales y de calidad de vida a más largo plazo. Los propios autores insisten además en que sus resultados no constituyen una evidencia definitiva para decisiones regulatorias y que los hallazgos sobre la cabergolina son exploratorios y necesitan replicarse en nuevos estudios.



