Un estudio publicado en la revista Adicciones analiza cómo las personas jóvenes entienden los mensajes sobre alcohol, como “consumo responsable”, “consumo moderado” o “consumo...
Cada vez son más las iniciativas que incorporan la prevención de drogas y la reducción de riesgos a las fiestas populares, acercando la intervención a los espacios reales de ocio y poniendo el foco en la información y el acompañamiento.
La percepción de riesgo de ser víctima de la adulteración de bebidas y de la inyección de sustancias a través de agujas parece ser más alta que la realidad.
Un estudio internacional, publicado en la revista científica ‘Water Research’, de aguas residuales dirigido por la Universidad del Sur de Australia muestra cuán prevalentes son las nuevas sustancias psicoactivas (NSP) en diferentes partes del mundo.
En un comunicado publicado el 2 de setiembre, 18 organizaciones de reducción de riesgos y daños llaman a otras organizaciones a unirse y promover una reapertura responsable de la fiesta.
El MDMA, más conocido como éxtasis, ha vuelto a la noche madrileña en los últimos meses con enorme pureza y más barata, tras varios años desaparecida del mercado.
En Suiza, las autoridades intentan frenar una moda que se expande por Internet: cientos de jóvenes se citan para emborracharse en plena calle. Copiaron la práctica de sus coetáneos españoles. El fenómeno, que germinó durante la Eurocopa, acaba de llegar a Portugal.
La plataforma Menos Daño, formada por organizaciones de reducción de riesgos y daños, reclama al Gobierno de Claudia Sheinbaum un diálogo nacional para reorientar la política de drogas hacia la salud y los derechos humanos.
El Gobierno chileno ha presentado cambios a un proyecto de ley que lleva en el Congreso desde 2022: prevé retirar la licencia a los operadores que se anuncien y considera delito la publicidad de las plataformas sin autorización.
La evidencia no respalda que dejar de fumar ponga en riesgo la recuperación, pero en muchos centros residenciales el tabaco sigue fuera del plan terapéutico
Un estudio relaciona el menor nivel educativo y el desempleo con un consumo más reciente o habitual, mientras que los resultados sobre ingresos varían según la frecuencia de consumo.