El modelo científico que intenta explicar la adicción no es el mismo que era hace apenas unos años. La comprensión de este complejo fenómeno ha pasado por diferentes etapas a lo largo de la historia de la medicina, evolucionando desde un enfoque basado en la fuerza de voluntad a su inclusión en las guías de trastornos mentales, en los que influyen factores biológicos, psicológicos, económicos y sociales. Hoy, el consenso es entender la adicción como una enfermedad crónica, en la que la posibilidad de la recaídas no es incompatible con hablar de recuperación.
Mientras tanto, en el 2013 el DSM-5 eliminó la antigua división entre «abuso» y «dependencia» de sustancias, fusionándolas en un diagnóstico único denominado trastorno por consumo de sustancias, que se mide en una escala de gravedad continua —leve, moderado o grave— en función del número de criterios cumplidos. Más recientemente, la OMS incorporó la adicción a los videojuegos como un trastorno mental dentro de la clasificación CIE-11, que entró en vigor en el 2022. Con todo, el mecanismo sigue siendo el mismo: una alteración en el circuito de recompensa del cerebro, producido por la sobreproducción de dopamina.



