Reducción de daños en el contexto del chemsex: manual de formación es un manual de Antonios Poulios, publicado por AIDS Action Europe. La edición española ha sido coordinada por Raúl Soriano y María José Belza, con la traducción de Jesús Valdés Blanqued.
El documento ofrece una aproximación práctica y formativa al chemsex desde la reducción de daños, la salud pública y el respeto a la diversidad sexual. Su punto de partida se centra en que las personas que consumen sustancias en contextos sexuales necesitan información, acompañamiento y servicios accesibles, no respuestas basadas en el juicio, la vergüenza o la exigencia de abandonar el consumo como condición previa para recibir apoyo.
El manual define el chemsex como el consumo voluntario de determinadas sustancias psicoactivas en contextos sexuales, especialmente entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres, así como personas trans y no binarias. Estas sustancias suelen utilizarse para intensificar, prolongar o desinhibir la experiencia sexual. La práctica puede incluir encuentros con varias parejas, sesiones de larga duración y el uso de aplicaciones de contacto, que desempeñan un papel importante en la forma en que se organizan muchos de estos encuentros.
Una de las ideas más relevantes del texto es que el chemsex no puede reducirse a la fórmula «sexo y drogas». El manual lo sitúa en un contexto más amplio, atravesado por experiencias de estigma, discriminación, estrés de minorías, soledad, búsqueda de placer, necesidad de conexión y vivencias propias de las personas LGTBIQ+. Desde esta perspectiva, el consumo no se interpreta únicamente como un síntoma individual, sino también como una práctica vinculada a condiciones sociales, emocionales y comunitarias.
El autor señala que centrar la mirada solo en el VIH u otras infecciones de transmisión sexual puede ser insuficiente e incluso contraproducente si refuerza el estigma. La salud sexual es una parte fundamental del abordaje, pero no la única. También importan la salud mental, la calidad de vida, el autocuidado, el consentimiento, la seguridad de los espacios, los vínculos sociales y la posibilidad de acceder a servicios donde las personas no se sientan juzgadas.
Una parte amplia del manual está dedicada a las sustancias más frecuentes en estos contextos, entre ellas la metanfetamina, el GHB/GBL, la mefedrona, la ketamina y la cocaína. Para cada una se describen sus efectos, riesgos, posibles consecuencias del consumo prolongado, interacciones con medicamentos u otras drogas y recomendaciones específicas de reducción de daños. El texto insiste en medidas como evitar mezclas peligrosas, medir bien las dosis, espaciar los consumos, hidratarse, descansar, comer, cuidar la higiene, analizar sustancias cuando sea posible y pedir ayuda ante signos de sobredosis, psicosis, pérdida de control o malestar persistente.
También organiza la reducción de daños en tres momentos: antes, durante y después de una sesión de chemsex. Antes, recomienda pensar los límites en sobriedad, elegir espacios seguros, acudir con personas de confianza, preparar material de salud sexual y consumo seguro, y tener un plan sobre qué se quiere consumir, durante cuánto tiempo y qué prácticas se desean o no se desean realizar. Durante la sesión, aconseja hacer pausas, cuidar los efectos personales, no compartir material de consumo, mantener la higiene, atender a las demás personas y actuar con rapidez si alguien se desorienta, pierde la consciencia o presenta síntomas preocupantes. Después, propone descansar, alimentarse bien, hidratarse, revisar cómo fue la experiencia y buscar ayuda si hubo pérdida de control, malestar emocional o dudas relacionadas con el consentimiento.
El consentimiento ocupa un lugar central. El manual recuerda que debe ser informado, voluntario y consciente, y que puede retirarse en cualquier momento. En contextos de consumo, la capacidad de decidir puede verse alterada, por lo que es imprescindible comprobar cómo se encuentran las otras personas y detener cualquier práctica si alguien no está en condiciones de consentir.
La última parte del documento se centra en cómo construir servicios adecuados para personas que practican chemsex. Defiende una atención afirmativa con las personas LGTBIQ+, culturalmente competente, participativa y libre de estigma. La reducción de daños aparece así como una forma de cuidado que busca reforzar la autonomía, mejorar la calidad de vida y ofrecer apoyo real a personas con experiencias muy diversas.



