El inicio de 2026 ha estado marcado por un recrudecimiento del discurso intervencionista de Estados Unidos en América Latina. La intervención abierta en Venezuela, las presiones constantes sobre México y Colombia y la retórica hostil hacia Cuba se combinan hoy con un lenguaje cada vez más beligerante en materia de drogas. A ello se suman episodios recientes en los que, desde tribunas internacionales y encuentros con gobiernos de derecha de la región, se ha recurrido nuevamente a la descalificación pública y al tono burlón hacia autoridades latinoamericanas que han insistido en defender la autonomía de sus políticas internas.
Lejos de ser un fenómeno nuevo, este clima político revive una constante histórica: la política de drogas ha sido durante décadas un terreno en el que se disputa la soberanía de los países de América Latina.



