El tratamiento antirretroviral ha transformado el VIH. Hoy, muchas personas pueden mantener la carga viral indetectable durante años y tener una esperanza de vida cercana a la de la población general. Este avance es incuestionable.
Pero ese éxito ha desplazado el foco hacia una idea que conviene revisar: que el control del virus equivale, por sí mismo, a buena salud.
A pesar del control virológico, muchas personas con el VIH presentan con mayor frecuencia problemas de salud asociados al envejecimiento. Entre ellos, las enfermedades cardiovasculares, las alteraciones metabólicas o el deterioro cognitivo.
Estos procesos no dependen solo del virus ni del tratamiento. También están relacionados con factores como la inflamación persistente, los hábitos de vida, el contexto social o el acceso a determinados recursos.
Reducir la salud con el VIH a la toma de medicación deja fuera una parte importante del problema.



