Según un editorial del diario canadiense The Globe and Mail, las estrategias de reducción de daños, como la legalización, la sustitución (o la prescripción) de opiáceos y los centros de inyección supervisada, han demostrado su eficacia en países como Portugal y Suiza.
No hay un solo dato que implique que los Gobiernos, demócratas o republicanos, liberales o conservadores, hayan logrado avances para disminuir el consumo de drogas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este jueves la "emergencia de salud pública" en el país por el uso de opiáceos, una sustancia cuyo consumo provocó la muerte de 64.000 personas el año pasado y supone la peor crisis de consumo de drogas de "la historia de la humanidad".
Los tribunales especializados en drogas ofrecen pocos conocimientos médicos o atención de la salud, y dependen en gran medida de las sanciones. Más información, en inglés, está disponible abajo.
Las declaraciones del magnate han tenido lugar después de que Tom Price, secretario de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos, sugiriera que no era necesario declarar una emergencia nacional al respecto", según ha informado la cadena de televisión CNN.
La presencia de fentanilo pasa desapercibida, pero potencia los efectos de la heroína hasta 100 veces, lo que aumenta el riesgo de que se produzcan sobredosis.
Dado que el financiamiento de los donantes para los programas de VIH se ha reducido, los servicios de reducción de daños también se han visto afectados y el acceso a ellos se mantiene estancado en muchas partes del mundo.
En este reportaje de "El País" se resume la situación de las salas de consumo en Europa, específicamente en París, donde la elevada concentración de personas drogodependientes requiere una ampliación de estos servicios que ayudan a prevenir la mortalidad por sobredosis, facilitan el acceso al tratamiento y mejoran el impacto del consumo inyectado o fumado en la comunidad, entre otros beneficios.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.