Ser adicta se considera como una traición al papel culturalmente asignado a la mujer. Esto supone un obstáculo más para que ellas puedan acceder a programas de rehabilitación.
La reforma impulsada por el Gobierno de República Checa para trasladar la coordinación de la política de drogas al Ministerio de Salud ha generado críticas entre profesionales y antiguos responsables del sector.