¿Cómo llegó el Xanax a convertirse en una droga recreativa?

La popularidad del Xanax como droga recreativa no surgió por casualidad: la industria farmacéutica, la cultura popular y la música urbana desempeñaron un papel clave en su expansión.

Las benzodiacepinas son el psicofármaco más recetado en España, siendo este además el país que lidera el ranking mundial en la prescripción de estos fármacos [1]. Las benzos son psicofármacos que poseen un alto potencial de generar tolerancia y dependencia, y lo que las hace diferentes a la mayoría del resto de psicofármacos es su capacidad de actuar de forma inmediata, lo que las sitúa en una posición idónea para convertirse en drogas de uso recreativo.

En el contexto actual de España, la disponibilidad de estas sustancias es muy elevada, dando pie a un creciente fenómeno muy vinculado a su uso recreativo e instrumental. Las benzos están presentes en casi todas las casas y en los botiquines de la mayor parte de la población. La sociedad las ha normalizado de tal forma que la línea entre el consumo pautado bajo prescripción médica y el recreativo o instrumental se ha difuminado, hasta el punto de que, según la encuesta EDADES del Ministerio de Sanidad, el 11,9% de la población española las consume [2]. Este dato nos revela un aumento de su consumo en los últimos cuatro años, habiendo superado a día de hoy el consumo de otras drogas ocupando la cuarta posición en consumos. Esto indica una mayor presencia en el ámbito recreativo, en parte, y en su popularización ya que se observa un aumento del uso de hipnosedantes sin prescripción médica.

Además de este factor de accesibilidad, el uso de benzodiacepinas como drogas recreativas tiene un origen cultural y social asociado a subculturas de la escena musical underground. Así, por un lado, encontramos la explicación en su alta disponibilidad en el territorio y, por otro, en el germen sociocultural que impulsa patrones de consumo específicos en ciertos entornos. Estos últimos provienen de Estados Unidos y, en menor medida, de Irlanda del Norte, donde existe un fenómeno muy concreto asociado al consumo de diazepam.

Históricamente, en Estados Unidos y el Reino Unido el consumo de benzos se ha mezclado mucho más con el mercado callejero, el policonsumo con opioides y alcohol, y ha calado con fuerza en el sector más joven de la población [3]. Por el contrario, en países como Francia, Bélgica, Argentina y Uruguay (mayores consumidores a nivel mundial después de España, Estados Unidos y Reino Unido) se trata de una cuestión más bien médica, sobre todo sigueindo el patrón de personas adultas o de la tercera edad que cronifican el uso de pastillas para la ansiedad o el insomnio mediante recetas legales.

España, al liderar la prescripción global, se sitúa en un punto intermedio. Vemos como en este contexto se mezclan tanto factores médicos —como la sobre prescripción por parte del sistema nacional de salud— como el consumo recreativo, alimentado por la alta disponibilidad legal y las influencias culturales procedentes, sobre todo, de Estados Unidos a través de la música urbana. A su vez, cabe tener en cuenta la fuerte escena musical del trap en España, siendo este factor un importante foco cultural y de representaciones de diferentes consumos de drogas en el territorio. A demás, esta escena underground de principios de la década de 2010 se ha ido popularizando y ganando fuerza a través de, no solo el trap, sino también estilos más mainstream como el reguetón.

Estados Unidos: el colocón del Xanax 

Los factores históricos y culturales más relevantes para entender el presente de los usos recreativos de benzodiacepinas los encontramos en Estados Unidos y, en menor medida, en Irlanda del Norte, concretamente en Belfast. El pionero en la comercialización y distribución masiva de benzodiacepinas fue Estados Unidos, y en este punto es indispensable hablar del Xanax (la marca comercial del alprazolam, comercializado como Trankimazin en España).

En 1981, la FDA (la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU.) aprobó la comercialización del alprazolam bajo el nombre de Xanax [4]. La farmacéutica Upjohn, creadora del fármaco, diseñó una estrategia de marketing para lograr su masificación. Decidió no vender el Xanax como un tranquilizante general —un mercado que ya estaba saturado por el Valium de los años 70—, sino que lo posicionó específicamente para tratar un trastorno que acababa de ser redefinido en los manuales diagnósticos de psiquiatría (DSM-III): el trastorno de pánico (panic disorder) [4].

De este modo, el Xanax se convirtió en el primer medicamento de la historia aprobado específicamente para tratar un trastorno en específico: los ataques de pánico. Como el fármaco actuaba en cuestión de 15 o 20 minutos, los médicos lo consideraron un milagro para los pacientes que sufrían crisis de ansiedad agudas. El éxito comercial fue inmediato y rápidamente sustituyó al Valium (diazepam). A finales de los años ochenta y durante la década de los noventa, el fármaco se posicionó como la benzodiacepina más prescrita del mundo. Hacia el año 2006, el Xanax se convirtió oficialmente en el psicofármaco más recetado de los Estados Unidos, superando a cualquier otro ansiolítico o antidepresivo del mercado [4]. Para entonces, ya no se limitaba a los trastornos de pánico, sino que se recetaba de forma habitual para los malestares psíquicos como la ansiedad diaria, el estrés laboral, el duelo o los problemas para conciliar el sueño.

La bautizada generación Xanax se caracterizó por normalizar el consumo de este fármaco, el cual se convirtió en un elemento cotidiano en la cultura de la clase media estadounidense. La normalización del fármaco elevó a su vez los niveles de demanda, llegando así a finales de los años noventa al mercado ilegal. Por ende, los efectos psicoactivos deseados de la sustancia se redefinieron con fines recreativos. El Xanax se consagró como la benzodiacepina reina para conseguir el colocón (high) y paralelamente emepzó a ganar representación cultural y musical en la escena underground del hip hop. Un factor clave fue la llegada de las barras (bars), tabletas alargadas de 2 miligramos divididas en cuatro segmentos. Por su forma y alta potencia, esta pastilla se convirtió en el objeto de deseo del mercado. Conocidas como bars, xannies o z-bars, un comprimido de 2 mg contiene una dosis sumamente alta para una persona sin tolerancia (como referencia, en España la dosis habitual de inicio para casos de ansiedad aguda es de tan solo 0,25 mg y hasta un miligramo).

Existen dos razones químicas fundamentales por las que el Xanax es el predilecto para el uso recreativo. La primera es su acción inmediata, puesto que el Xanax cruza la barrera hematoencefálica casi de inmediato, provocando una relajación profunda y vaciado mental en apenas 15 o 20 minutos. La segunda es su alta potencia, ya que un solo miligramo de alprazolam equivale aproximadamente a una dosis de entre 10 y 20 miligramos de diazepam [5].

En la década de 2010, una nueva generación de artistas del SoundCloud rap y trap estadounidense (como Lil Peep, Future o Juice WRLD) comenzó a hablar abiertamente de este consumo para evadirse de la depresión y la ansiedad. Ante una demanda que superaba la disponibilidad legal, el mercado ilegal empezó a abastecer la demanda con pastillas sintetizadas ilegalmente y adulteradas de forma recurrente con fentanilo, un opioide sintético. En 2017, la muerte del cantante Lil Peep por una sobredosis de fentanilo y Xanax marcó un punto de inflexión [6]. Hoy en día, según el informe National Drug Threat Assessment (2025) de la DEA, aproximadamente la mitad de las pastillas falsificadas incautadas contienen dosis de fentanilo [7].

A día de hoy existe un mayor rechazo hacia las representaciones culturales asociadas al uso recreativo de Xanax y la tendencia a su glorificación. A pesar de esto su consumo sigue siendo una realidad que se suma a la actual problemática relacionada con el fentanilo en el país. Esta ha pasado a ser la crisis principal de salud pública relacionada con las drogas, relevando el consumo del Xanax a un segundo plano.  Cabe destacar que el alprazolam no se trata de una sustancia con un potencial tan problemático como lo puede ser el del fentanilo o el policonsumo.

Belfast y el IRA: Street benzos i blues

En el caso de Belfast, las consecuencias del conflicto de Irlanda del Norte provocaron una prescripción masiva de Valium entre las mujeres, que pretendía apaciguar de una manera masiva y rápida las consecuencias del estrés postraumático de la guerra y sus consecuencias. En 1975, después de la guerra, las realidades de la población afectada se llenaron de esta benzodiacepina y su uso se cronificó entre la población femenina, sobre todo. Cabe destacar aquí que la cuestión de género en el uso recreativo de benzos es especialmente determinante. No solo en el caso de Irlanda del Norte sino de forma generalizada, los consumos prescritos y médicos son protagonizados por mujeres, sin embargo, esta lógica es totalmente diferente en el consumo recreativo. La medicalización del malestar en clave de género y la sobrecarga de las mujeres en la división del trabajo es clave para entender esta diferencia. A su vez, los permisos simbólicos de la masculinidad generan espacios de posibilidad para el consumo recreativo que son opuestos a los de la feminidad.

A pesar de las restrictivas políticas que la administración de Margaret Thatcher impuso a finales de los años 80 para frenar el abuso de benzodiacepinas en el Reino Unido, Belfast e Irlanda del Norte, se consolidó como una excepción debido a la profunda habituación de su población. Desde finales de los años 90 y principios de los 2000, el diazepam (conocido popularmente como blues por su característico color azul en los comprimidos de 10 mg) se transformó en una droga recreativa habitual de las nuevas generaciones, nietos de las mujeres que en la década de los setenta empezaron con este consumo.

Actualmente, el panorama en Irlanda del Norte ha derivado en la aparición de las llamadas street benzos (como el etizolam o el bromazolam), sintetizadas de manera ilegal y adulteradas con otras sustancias [8]. Este auge de las benzodiacepinas y su uso desproporcionado a nivel recreativo ha tenido consecuencias en el territorio de Irlanda y Escocia—que comparten mercados de distribución con el Irlanda del Norte— en la región escocesa nos encontramos con la mayor tasa de mortalidad asociada al consumo de sustancias de toda Europa, según el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (EMCDDA) [9].

En conclusión, las diferentes cuestiones socioculturales asociadas a los consumos de benzos como drogas recreativas ayudan a entender como un todo la relación de la industria farmacéutica, la llegada de estas sustancias a entornos no médicos, la demanda que esto genera y, por lo tanto, los diferentes panoramas sociales que se generan a través de estos usos. La intención de este breve repaso es poder entender los precedentes que les dan a las benzodiacepinas la importancia a nivel de usos no médicos y su presencia en mercados no legales. Vinculándolo a España, el mercado ilegal no es una realidad, en cualquier caso, lo protagoniza el mercado europeo, pero no se ha generado una necesidad de abastecimiento que llame al mercado ilegal a la distribución de estas sustancias sintetizadas fuera del ámbito farmacéutico. Si que constituye una realidad la distribución ilegal de benzos de farmacéutica. Aquí el factor clave es la sobre prescripción, que funciona como factor de protección para evitar la entrada de benzos adulteradas en el mercado ilegal, cuestión relacionada con temas tan complejos como la aparición de nitazenos en Europa como sustancia de corte en benzos falsas.

Bibliografía

  1. Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). (2023). Informe de la JIFE correspondiente a 2023. Naciones Unidas.
  2. Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social (España). (2024). Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES), 2023-2024. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.
  3. EMCDDA. (2024). European Drug Report 2024: Trends and Developments. European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction.
  4. Tone, A. (2009). The Age of Anxiety: A History of America’s Common Diseases and Their Treatments. Basic Books.
  5. Ashton, C. H. (2002). Benzodiazepines: How they work and how to withdraw (The Ashton Manual).
  6. National Institute on Drug Abuse (NIDA). (2020). Overdose Death Rates: The role of synthetic opioids and benzodiazepines.
  7. Drug Enforcement Administration (DEA). (2025). National Drug Threat Assessment 2025. U.S. Department of Justice.

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