Análisis del artículo de Guillermina Ferraris sobre la intersección entre las políticas de cuidado, la salud comunitaria y la reducción de riesgos como alternativas frente al fracaso del enfoque prohibicionista en la lucha contra las drogas.
Reivindicamos la agencia y la soberanía corporal para decidir sobre nuestros consumos, sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras vidas, sin ser juzgadas, estigmatizadas ni culpabilizadas
La antropóloga brasileña Luana Malheiro es también madre, mujer y usuaria de sustancias. Trabaja contra las políticas de drogas por su violencia contra los cuerpos de las mujeres y disidencias sexuales, especialmente si son personas negras.
Organizaciones como REMA proponen espacios libres de estigmatización para el consumo de sustancias, un recurso que interesa especialmente a mujeres, migrantes y cuerpos disidentes que reciben una dosis extra de estigma asociado al consumo.
Un estudio pionero realizado en Reino Unido analiza cómo la industria de las bebidas alcohólicas se dirige a ellas, las representa y atrae a las más jóvenes adoptando discursos del posfeminismo, pero sin entrar en temas de salud y desigualdades estructurales
El estigma social hacia las mujeres con consumos problemáticos de drogas y las barreras de acceso al tratamiento las pone en un serio riesgo de exclusión social, con repercusiones económicas, sociales y psicológicas muy duras, que siguen en buena medida invisibilizadas
La plataforma Menos Daño, formada por organizaciones de reducción de riesgos y daños, reclama al Gobierno de Claudia Sheinbaum un diálogo nacional para reorientar la política de drogas hacia la salud y los derechos humanos.
El Gobierno chileno ha presentado cambios a un proyecto de ley que lleva en el Congreso desde 2022: prevé retirar la licencia a los operadores que se anuncien y considera delito la publicidad de las plataformas sin autorización.
La evidencia no respalda que dejar de fumar ponga en riesgo la recuperación, pero en muchos centros residenciales el tabaco sigue fuera del plan terapéutico
Un estudio relaciona el menor nivel educativo y el desempleo con un consumo más reciente o habitual, mientras que los resultados sobre ingresos varían según la frecuencia de consumo.