La Fundación de Ayuda la Drogadicción (FAD) ha presentado la que es ya su campaña número 34 contra el consumo de drogas desde el año 1989. Se pone el acento en los "efectos colaterales" de estas sustancias, no sólo para quienes las consumen, sino también para los que les rodean.
Está elaborado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción y la Obra Social de Caja Madrid y se ha realizado una edición de 15.000 copias gracias a la colaboración de la Subdirección General de Salud Mental y Drogodependencias del Servizo Galego de Saúde.
Cine, cuatro letras que a menudo son un fiel reflejo de la realidad social. Valores reflejados en pantalla grande que son aprovechados por la FAD en la prevención del consumo de drogas.
La FAD presentó una nueva campaña contra el consumo de drogas, dirigida a los jóvenes, que actuará sólo durante el período estival y estará dirigida a prevenir el consumo de pastillas y cocaína.
El informe de la FAD, "Hijos y Padres: Comunicación y Conflictos", echa por tierra algunos otros mitos. No existe, para empezar, "la familia española", un modelo hegemónico como el tradicional de hace algunas décadas, con papeles y modos de relación intergeneracional bien definidos.
Durante los próximos dos meses los principales portales, sites y grupos editoriales insertarán de forma gratuita diversos banners, popups, skycrapers y acciones especiales bajo el lema «Enséñales a decidir. La educación lo es todo»
La plataforma Menos Daño, formada por organizaciones de reducción de riesgos y daños, reclama al Gobierno de Claudia Sheinbaum un diálogo nacional para reorientar la política de drogas hacia la salud y los derechos humanos.
El Gobierno chileno ha presentado cambios a un proyecto de ley que lleva en el Congreso desde 2022: prevé retirar la licencia a los operadores que se anuncien y considera delito la publicidad de las plataformas sin autorización.
La evidencia no respalda que dejar de fumar ponga en riesgo la recuperación, pero en muchos centros residenciales el tabaco sigue fuera del plan terapéutico
Un estudio relaciona el menor nivel educativo y el desempleo con un consumo más reciente o habitual, mientras que los resultados sobre ingresos varían según la frecuencia de consumo.