Su bajo precio, el aumento de la pureza y la dificultad para acceder a los fármacos opiáceos, mucho más caros y controlados por las autoridades, ha provocado un aumento del consumo de esta sustancia.
La reforma impulsada por el Gobierno de República Checa para trasladar la coordinación de la política de drogas al Ministerio de Salud ha generado críticas entre profesionales y antiguos responsables del sector.