El diseño es similar al cigarrillo electrónico convencional: una batería, un atomizador para calentar la droga y un cartucho para el e-líquido, solo que en este caso el cartucho no contendría nicotina, sino cocaína.
La reforma impulsada por el Gobierno de República Checa para trasladar la coordinación de la política de drogas al Ministerio de Salud ha generado críticas entre profesionales y antiguos responsables del sector.