Los investigadores del Instituto de Ciencias Biológicas de Shanghái, China, han descubierto que la adicción a las drogas como la cocaína puede ser 'encendida' y 'apagada' como si de un interruptor en el cerebro se tratase.
Cumpliendo con las exigencias de los defensores de esas medidas, queda prohibido desde este 1 de junio fumar en restaurantes, oficinas y en el transporte público de Beijing, principal urbe de un país considerado el mayor consumidor de tabaco a escala mundial.
El número de jóvenes adictos a la red alcanzó los 24 millones en el año 2009, según un estudio de la Asociación de la Juventud China para el Desarrollo de la Red.
El Gobierno chino ha prohibido a partir de este miércoles que se pueda fumar en todas las escuelas y centros educativos del país, si bien en los de enseñanza superior se permitirá que se habiliten zonas específicas para ello, según ha informado la agencia oficial Xinhua.
En China residen aproximadamente 300 millones de fumadores, es el país con mayor número de consumidores de tabaco en el mundo y, por este motivo, el Gobierno chino ha anunciado su intención de prohibir en fumar en lugares públicos antes de que acabe este año, consciente del coste que supone este hábito para la salud de sus ciudadanos.
Cada año, la organización concede seis premios de este tipo a diferentes países del planeta, y este año, además de China, han sido reconocidos los esfuerzos de Kazajistán y Brasil.
La plataforma Menos Daño, formada por organizaciones de reducción de riesgos y daños, reclama al Gobierno de Claudia Sheinbaum un diálogo nacional para reorientar la política de drogas hacia la salud y los derechos humanos.
El Gobierno chileno ha presentado cambios a un proyecto de ley que lleva en el Congreso desde 2022: prevé retirar la licencia a los operadores que se anuncien y considera delito la publicidad de las plataformas sin autorización.
La evidencia no respalda que dejar de fumar ponga en riesgo la recuperación, pero en muchos centros residenciales el tabaco sigue fuera del plan terapéutico
Un estudio relaciona el menor nivel educativo y el desempleo con un consumo más reciente o habitual, mientras que los resultados sobre ingresos varían según la frecuencia de consumo.