En los últimos días se ha difundido una noticia que apunta al fallecimiento de un joven en Navarra como la primera muerte en España relacionada con los nitazenos. Sin embargo, consideramos importante contextualizar esta información y analizarla desde una perspectiva rigurosa, basada en la evidencia disponible.
En primer lugar, conviene señalar que el suceso al que se hace referencia ocurrió en agosto de 2024, aunque su difusión mediática se ha producido recientemente. Por tanto, no estamos ante un fenómeno emergente actual ni ante un cambio reciente en los mercados de drogas en España, sino ante un caso retrospectivo cuya interpretación requiere cautela.
En segundo lugar, la relación entre el fallecimiento y el consumo de nitazenos no puede establecerse de manera concluyente. Aunque días antes la persona fue atendida en urgencias tras un episodio compatible con sobredosis y se mencionó el posible consumo de un opioide sintético, en la autopsia posterior no se detectó presencia de nitazenos en el organismo. Además, en el lugar del fallecimiento se encontraron otras sustancias depresoras del sistema nervioso central, como opioides (no nitazenos) y benzodiacepinas, cuyo consumo combinado incrementa de forma significativa el riesgo de parada respiratoria. Este contexto de policonsumo dificulta atribuir la causa del fallecimiento a una sustancia concreta.
Este punto es especialmente relevante, ya que en la noticia se reconoce la complejidad del caso y las limitaciones analíticas existentes, incluyendo la dificultad para detectar estas sustancias en determinados contextos. Aun así, estas limitaciones no permiten afirmar de manera inequívoca que los nitazenos hayan sido la causa del fallecimiento.



