Casi dos de cada tres personas que atienden el impacto familiar de las adicciones son mujeres, principalmente madres y parejas de personas con esta problemática. Así lo recoge el estudio ‘Intervención familiar en el tratamiento de las adicciones: un análisis exploratorio’, elaborado por UNAD, la Red de Atención a las Adicciones. El informe analiza el papel de las familias en los procesos de tratamiento de las adicciones desde una perspectiva de género. Sus resultados ponen de manifiesto importantes desigualdades en la distribución de los cuidados y de las responsabilidades dentro del entorno familiar.
Según el estudio, el acompañamiento familiar en los procesos de adicción está claramente feminizado. Son mayoritariamente mujeres quienes asumen el impacto emocional, social y organizativo derivado de estas situaciones en el entorno cercano. En la mayoría de los casos, se trata de madres y parejas de personas con adicciones, que a su vez son mayoritariamente hombres.
El informe también señala que la familia se ha consolidado como un elemento clave tanto en el acompañamiento del proceso terapéutico como en la atención a las necesidades derivadas del impacto de la adicción. Sin embargo, este papel recae de forma mayoritaria sobre las mujeres, generando situaciones de sobrecarga que no siempre son visibles ni reconocidas por los sistemas de atención.
Uno de los principales problemas detectados por el estudio es la falta de recursos específicos. Casi el 70% de las entidades no dispone de financiación destinada de forma específica a la atención a familiares, lo que limita el desarrollo de programas estables y adaptados a esta realidad.
A esta falta de financiación se suma una incorporación todavía insuficiente de la perspectiva de género en los programas de intervención familiar. La investigación apunta que cuanto mayor es la formación y sensibilidad en género de los equipos profesionales, mayor es también su capacidad para identificar las desigualdades presentes en el trabajo con familias y abordarlas de manera específica.
El documento advierte además de que muchas mujeres que ejercen el acompañamiento familiar presentan situaciones de sobrecarga, malestar emocional e incluso violencia de género, que no siempre son detectadas ni atendidas adecuadamente dentro de los recursos existentes.
El estudio también analiza las situaciones en las que son las mujeres quienes presentan problemas de adicción, donde existe una mayor estigmatización social y una red de apoyo familiar más limitada. En estos casos, el acompañamiento suele recaer de nuevo en otras mujeres del entorno, mientras que las parejas masculinas, cuando existen, pueden presentar también problemáticas de consumo o dinámicas de control que dificultan los procesos de recuperación. Además, cuando estas mujeres tienen hijos o hijas a cargo, el informe observa una tendencia a acelerar los procesos de tratamiento para facilitar el retorno a los roles de cuidado.
Entre sus principales conclusiones, UNAD defiende la necesidad de integrar de manera efectiva la perspectiva de género en la intervención familiar en adicciones, dotar de financiación específica a estos programas y crear espacios de atención diferenciados para mujeres familiares. Asimismo, subraya la importancia de desarrollar campañas de sensibilización para reducir el estigma y atender fenómenos como la sobremedicalización de mujeres cuidadoras y la exclusión de personas LGTBIQ+ en los sistemas de apoyo familiar.



