La mesa «Comunicación y adicciones», celebrada en el marco del 8.º Congreso Internacional y las 53.ª Jornadas Nacionales de Socidrogalcohol, en Sevilla, reunió diferentes perspectivas sobre cómo informar acerca de las drogas y las adicciones, evitar los discursos estigmatizantes y explorar nuevas formas de comunicación.
La sesión, coordinada por Mireia Pascual, periodista y responsable de comunicación de Socidrogalcohol, contó con la participación de Marta Saiz, periodista y colaboradora de Las Drogas Info; Daniel Folch, investigador en el Hospital del Mar y creador del pódcast Brindar con Agua; y Virginia Segovia, coordinadora de Comunicación de UNAD, la Red de Atención a las Adicciones. Las intervenciones abordaron la comunicación desde una perspectiva de derechos humanos, el papel de los formatos sonoros y las buenas prácticas periodísticas para evitar el estigma.
Bajo el título «Comunicar desde una perspectiva de derechos humanos: el reto», Marta Saiz planteó la necesidad de revisar no solo las palabras utilizadas, sino también los enfoques, las fuentes, las imágenes y las realidades que quedan fuera de las informaciones. La intervención partió de una pregunta: ¿basta con evitar el lenguaje estigmatizante para comunicar desde los derechos humanos?
Uno de los ejes fue el drogocentrismo, entendido como la tendencia a explicar situaciones sociales complejas únicamente a partir de las sustancias. A partir de la guía Todo lo que debes saber (y olvidar) de la narrativa sobre las drogas, de Guillermo Garat para la Fundación Gabo, se abordó la importancia de incorporar las condiciones de vida, las desigualdades y las experiencias de las personas a las informaciones sobre drogas, sin recurrir sistemáticamente al alarmismo o al sensacionalismo.
La ponencia también puso el foco en la reducción de riesgos y daños como parte de la comunicación. Informar con rigor implica no limitarse a advertir sobre los peligros del consumo, sino ofrecer información útil, visibilizar los recursos de atención y tener en cuenta factores como la pobreza, la exclusión social o las dificultades de acceso a la vivienda. En este apartado se recuperó el reportaje «Reducción de daños: la red que sostiene lo que el sistema abandona», como ejemplo de un periodismo que incorpora las experiencias de las personas directamente afectadas.
También se abordaron las dificultades que encuentran los medios de comunicación para cambiar determinadas narrativas. A partir de la guía Di sí a la buena información. Periodismo y Drogas, de Energy Control, se señalaron factores como la falta de especialización, la precariedad de las redacciones, la inmediatez informativa y la búsqueda de titulares impactantes. En este contexto, se recuperó el artículo de análisis de Otger Amatller «La droga del verano no existe (pero vende titulares)», que cuestiona la cobertura sensacionalista de determinadas sustancias y la ausencia de información práctica sobre reducción de riesgos.

Perspectiva feminista, violencia sexual y representación de las personas
La perspectiva feminista interseccional ocupó otro espacio de la intervención. A partir de la guía Desintoxicando narrativas sobre la relación entre mujeres y drogas, de Elementa DDHH, se analizaron los estereotipos que condicionan la representación mediática de las mujeres vinculadas al consumo o a los mercados. Entre ellos, la utilización de la maternidad como elemento de juicio, la sexualización de las protagonistas o la tendencia a explicar sus historias únicamente a través de sus relaciones con hombres.
También se recurrió al Diagnóstico sobre informaciones mediáticas alrededor de las violencias sexuales, el uso de drogas y la sumisión química, del Observatorio Noctámbul@s, para abordar cómo determinadas narrativas pueden desplazar la responsabilidad de las agresiones sexuales hacia las sustancias o hacia las propias víctimas. La cobertura de los llamados «pinchazos» de 2022 sirvió para reflexionar sobre la importancia de distinguir entre hipótesis y evidencias y evitar que el miedo sustituya a la información contrastada.
La selección de imágenes fue otro de los asuntos tratados. La ponencia invitó a revisar cómo se representa a las personas que usan sustancias, evitar fotografías que refuercen prejuicios, incorporar una mirada feminista interseccional y proteger especialmente la identidad y la intimidad de la infancia y la adolescencia. También se reconocieron las dificultades cotidianas de las redacciones, como la falta de tiempo, los recursos limitados y la escasez de imágenes adecuadas en los bancos de fotografías.
El pódcast y las buenas prácticas periodísticas
La mesa contó también con la participación de Daniel Folch, quien presentó el pódcast Brindar con Agua. Su intervención incorporó al encuentro el formato sonoro como otra vía para comunicar sobre adicciones y acercar estos temas a diferentes públicos. Por su parte, Virginia Segovia, de UNAD, presentó el decálogo de buenas prácticas para periodistas elaborado por la entidad. Este documento recoge recomendaciones para informar sobre las adicciones sin estigmatizar a las personas, entre ellas utilizar un lenguaje respetuoso, recurrir a información basada en evidencias, diversificar las fuentes y prestar atención a las imágenes que acompañan las noticias.



