Cuando se habla de los riesgos asociados al tabaquismo, la nicotina suele ocupar buena parte de la atención. Sin embargo, la evaluación científica diferencia entre los efectos de esta sustancia y los derivados del proceso de combustión. La nicotina es adictiva y no está exenta de riesgos, aunque organismos de salud pública como el Royal College of Physicians del Reino Unido señalan que no es la principal responsable de las enfermedades relacionadas con el consumo de cigarrillos.
El factor determinante es la combustión. Al encender un cigarrillo, el tabaco puede alcanzar temperaturas de hasta 900 °C. Este proceso de quemado produce humo y ceniza y libera más de 6.000 sustancias químicas. De ellas, cerca de 100 han sido identificadas por expertos en salud pública como dañinas o potencialmente dañinas.
Frente a este proceso, se han desarrollado dispositivos de calentamiento de tabaco, como IQOS, dirigidos a personas adultas fumadoras. Estos dispositivos calientan el tabaco mediante un sistema que controla electrónicamente la temperatura para mantenerla por debajo del umbral de quemado. De esta forma, no se produce la combustión del cigarrillo ni se genera humo y ceniza como ocurre al fumar un cigarrillo convencional, sino un aerosol de tabaco.
La eliminación de la combustión permite diferenciar técnicamente estos dispositivos de los cigarrillos convencionales, pero no significa que desaparezcan los riesgos. El consumo de productos de tabaco y nicotina continúa teniendo efectos sobre la salud. Por ello, las autoridades sanitarias mantienen que la mejor opción es dejar de consumir tabaco y productos con nicotina por completo. Los dispositivos de calentamiento de tabaco están dirigidos a personas adultas fumadoras que, de otro modo, continuarían fumando.
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