Bristol se declara “ciudad de reducción de daños” y reclama una política de drogas menos punitiva

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Bristol se ha declarado formalmente «ciudad de reducción de daños« tras la aprobación de una moción en el pleno municipal del 14 de julio. La iniciativa plantea reforzar una respuesta al consumo centrada en el apoyo, el tratamiento y la salud pública, y reclama al Gobierno británico que permita avanzar en medidas como la creación de espacios de consumo supervisado.

La moción fue presentada por la concejala verde Cara Lavan y contó con el apoyo de los concejales verdes, laboristas y liberal-demócratas. Los conservadores votaron en contra y, según informó The Guardian, consideraron que la propuesta estaba planteada desde una perspectiva ideológica.

El texto aprobado parte de la preocupación por las muertes relacionadas con el consumo de sustancias y por los cambios que está experimentando el mercado. La moción señala que las muertes por intoxicación se encuentran en niveles históricamente elevados y que en Bristol la tasa es casi el doble de la registrada a escala nacional. También advierte de la creciente presencia de opioides sintéticos de gran potencia.

Bristol ya ha desarrollado distintas medidas de reducción de daños, entre ellas programas de intercambio de jeringuillas, tratamiento de sustitución de opioides desde atención primaria, un servicio regular de análisis de sustancias en el centro de la ciudad y actuaciones coordinadas para reducir los daños relacionados con las drogas. Con la nueva declaración, el Ayuntamiento formaliza este enfoque y plantea seguir ampliándolo.

Uno de los puntos que ha adquirido mayor protagonismo es la posibilidad de establecer en la ciudad un espacio de consumo supervisado. La moción no supone que Bristol pueda abrir directamente un recurso de estas características, sino que plantea reclamar al Gobierno nacional el marco necesario para poder desarrollarlo. The Guardian recoge que los concejales verdes esperan que la declaración contribuya a aumentar la presión sobre el Gobierno laborista para revisar la política de drogas y permitir una instalación de este tipo, como la que ya funciona en Glasgow.

Cara Lavan ha vinculado su defensa de estas políticas con su experiencia personal. Su pareja, Jake Coe, murió por una intoxicación por drogas después de haber estado cinco años en recuperación. En declaraciones recogidas por The Guardian, la concejala explicó que, tras una recaída, Coe pudo conseguir heroína y crack rápidamente pese a encontrarse en un lugar nuevo donde no conocía a vendedores. Lavan sostiene que este caso refleja las limitaciones de un modelo basado fundamentalmente en la prohibición y defiende políticas de drogas guiadas por la evidencia.

La concejala también señaló que espera que otras autoridades locales adopten iniciativas similares y que se genere un efecto que impulse cambios en la política estatal. Durante el pleno sustituyó su intervención final por un minuto de silencio en recuerdo de las personas que sufren problemas de adicción, de quienes han muerto y de sus familias.

La declaración recibió apoyo de otros grupos municipales, aunque con algunos reparos. The Guardian recoge que la concejala laborista Kaz Self señaló que su partido apoyaba la propuesta, aunque existía cierta preocupación sobre hasta dónde podría conducir este cambio de enfoque. Por su parte, el concejal verde Abdul Malik, que secundó la moción, defendió que la reducción de daños no supone fomentar el consumo ni normalizar la adicción, sino buscar respuestas que permitan prevenir sobredosis, favorecer el acceso al tratamiento y reducir otros daños.

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