Desde 2025 se ha detectado en Europa una mayor disponibilidad de productos comercializados como CBD u otros cannabinoides no psicoactivos que, en algunos casos, han sido adulterados o contaminados con cannabinoides sintéticos o semisintéticos. La alerta publicada por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones señala que esta situación afecta a diferentes formatos, como flores y resinas de cannabis, líquidos para vapeadores y, en menor medida, productos comestibles. El problema no es únicamente que estas sustancias puedan tener efectos psicoactivos y provocar intoxicaciones, sino que pueden llegar a las personas consumidoras sin que estas sean conscientes de que están consumiendo una sustancia diferente de la que esperan.
Esta situación introduce una dimensión comunitaria que va más allá del riesgo individual. Los productos vendidos como CBD suelen asociarse a una imagen de bajo riesgo y pueden llegar a personas que no buscan consumir sustancias psicoactivas. Cuando el contenido real no coincide con el etiquetado, se dificulta la toma de decisiones informadas y se rompe una parte fundamental de la confianza entre productos, consumidores y sistemas de regulación. Al mismo tiempo, la presencia de estos productos en tiendas especializadas, máquinas expendedoras y plataformas de venta online plantea nuevos retos para la vigilancia y el control. Más que reforzar mensajes alarmistas, el fenómeno pone de manifiesto la necesidad de mejorar la regulación, los sistemas de análisis y alerta y el acceso a información clara sobre qué contienen realmente los productos que llegan al mercado.



