Combinar alcohol y estrés en la juventud daña el centro cerebral de la toma de decisiones y reduce la flexibilidad mental en la mediana edad
Recurrir a una copa para desconectar de un mal día es una de las costumbres más extendidas y, a la vez, más tramposas que existen. El alivio que da el alcohol es inmediato, pero un trabajo reciente sugiere que, cuando ese hábito arraiga pronto y se mezcla con el estrés, deja en el cerebro una huella que puede durar décadas. Conviene aclarar desde el principio que el estudio se ha hecho en ratones, aunque sus circuitos cerebrales se parecen bastante a los nuestros.



