Cuando informar mal sobre las ITS también puede convertirse en un problema de salud pública

Una guía impulsada por el Ayuntamiento de Barcelona advierte de que el alarmismo, los mensajes moralistas y el estigma pueden dificultar la prevención y reforzar prejuicios sobre la salud sexual

Fuente original: gtt-vih.org

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Los medios de comunicación desempeñan un papel importante en la forma en que la sociedad entiende la salud sexual. Los titulares, las imágenes y el lenguaje utilizados para hablar de las infecciones de transmisión sexual (ITS) no solo transmiten información. También influyen en cómo se percibe el riesgo, en la disposición a realizarse pruebas de detección y en el grado de estigma que pueden experimentar determinadas personas o colectivos.

Con esta preocupación de fondo, el Ayuntamiento de Barcelona y la Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva (ESSIR) han publicado una guía de recomendaciones dirigida a periodistas y profesionales de la comunicación. El documento parte de una idea sencilla, pero con importantes implicaciones: informar sobre las ITS no consiste únicamente en comunicar datos sobre la evolución de las infecciones. También ayuda a construir una visión más rigurosa, justa y útil de la salud sexual.

Más allá de los datos: cuando el mensaje también importa

La guía señala que, cuando aumentan los diagnósticos de una infección, es frecuente encontrar titulares centrados en supuestos “récords”, “explosiones” o “oleadas” de casos. También es habitual que determinadas poblaciones aparezcan señaladas como responsables del problema o como principal foco de riesgo.

Este tipo de enfoques puede parecer eficaz para captar la atención. Sin embargo, también tiene consecuencias. Según la guía, el lenguaje basado en el miedo y la búsqueda de culpables favorece el estigma y dificulta una comprensión más clara de los problemas de salud pública.

La experiencia acumulada en ámbitos como el VIH ha demostrado que las respuestas basadas en el estigma rara vez mejoran la prevención. Por el contrario, pueden favorecer el silencio, retrasar la búsqueda de información o atención sanitaria y aumentar las barreras para acceder a pruebas de detección y servicios de salud sexual.

Del lenguaje de la culpa al lenguaje de la prevención

Uno de los mensajes centrales del documento es que la comunicación debería abandonar los enfoques moralistas y centrarse en la promoción de la salud.

La guía recomienda evitar expresiones que presenten a las personas jóvenes como irresponsables o a los hombres gais y otros hombres que tienen sexo con hombres como responsables de los aumentos de incidencia. También aconseja abandonar expresiones bélicas como “explosión de contagios” o “se disparan las infecciones”, así como términos imprecisos que pueden transmitir una imagen equivocada de la situación.

En su lugar, propone explicar los datos con contexto, utilizar terminología científicamente correcta y ofrecer información basada en la evidencia. La diferencia puede parecer únicamente lingüística, pero refleja dos formas muy distintas de comunicar la salud: una centrada en el miedo y otra orientada a la comprensión y la prevención.

La información clara también es una herramienta preventiva

La guía insiste en que las noticias sobre ITS deberían redactarse con un lenguaje claro y accesible. El objetivo no es simplificar en exceso la información, sino facilitar que las personas comprendan los riesgos, conozcan las opciones de prevención y puedan tomar decisiones informadas sobre su salud sexual.

Este planteamiento conecta con un principio cada vez más presente en la comunicación en salud: la calidad de la información también puede mejorar la salud pública.

Cuando los mensajes son claros, rigurosos y se explican con contexto, resulta más fácil promover conductas preventivas, reducir malentendidos y favorecer el acceso a los servicios sanitarios. Por el contrario, cuando predominan los mensajes confusos, alarmistas o estigmatizantes, la información puede convertirse en una barrera en lugar de una herramienta de apoyo.

Hablar de derechos, comunidad y placer

Otro aspecto relevante del documento es que propone ampliar el marco habitual desde el que se abordan las ITS.

La guía anima a incorporar la dimensión colectiva de la salud sexual, promover el conocimiento de los derechos sexuales y recordar que la prevención no debe construirse únicamente desde el riesgo. También debe apoyarse en el bienestar, la autonomía y el placer.

Esta perspectiva supone un cambio importante respecto a los enfoques centrados exclusivamente en la enfermedad. En lugar de presentar la sexualidad como un problema que debe controlarse, plantea abordarla como una dimensión normal de la vida que requiere información fiable, acceso a recursos y entornos libres de trato desigual.

En un contexto en el que la información circula con enorme rapidez y los mensajes simplificados suelen obtener mayor visibilidad, la guía recuerda que la forma de comunicar importa. Informar con rigor, contexto y respeto no solo mejora la calidad periodística. También puede contribuir a una mejor salud pública.

Articulo original de: gtt-vih.org

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