La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado una nueva guía operativa para ayudar a los países a planificar, implementar y ampliar programas de intercambio de agujas y jeringuillas dirigidos a personas que se inyectan drogas. El documento, titulado Programas de agujas y jeringuillas para personas que se inyectan drogas, ofrece orientaciones prácticas basadas en la evidencia y busca traducir las recomendaciones internacionales en acciones concretas sobre el terreno, con el objetivo de reducir la transmisión del VIH y de las hepatitis virales.
La guía parte de un consenso científico claro: facilitar material de inyección estéril es una de las intervenciones más eficaces para prevenir infecciones entre personas que usan drogas por vía inyectada. Numerosos estudios han demostrado que estos programas reducen significativamente el riesgo de transmisión del VIH y de hepatitis C sin aumentar el consumo de drogas. Sin embargo, su cobertura sigue siendo insuficiente en muchos países y regiones.
El nuevo documento propone un marco estructurado que acompaña todo el proceso, desde la evaluación inicial hasta la sostenibilidad a largo plazo. En primer lugar, recomienda que los países realicen un análisis detallado de la situación antes de poner en marcha o ampliar estos servicios. Esto incluye estimar el número de personas que se inyectan drogas, identificar patrones de consumo, analizar la prevalencia de VIH y hepatitis, y revisar posibles barreras legales o normativas que dificulten el acceso al material estéril.
En cuanto a la prestación de servicios, la OMS no apuesta por un único modelo. La guía describe distintas modalidades que pueden adaptarse a cada contexto: centros fijos, unidades móviles, distribución secundaria a través de redes de pares, integración en servicios de salud existentes o incluso sistemas automáticos de dispensación. La clave, subraya el documento, es garantizar accesibilidad, horarios adecuados y entornos libres de estigma y discriminación.
Uno de los aspectos más destacados es el énfasis en el liderazgo comunitario. La OMS insiste en que las personas y organizaciones deben participar de forma significativa en el diseño, implementación y evaluación de los programas. Este enfoque no solo mejora la aceptación y la eficacia de los servicios, sino que también refuerza el respeto a los derechos humanos y combate la exclusión social.
La guía también insiste en que los programas de intercambio de jeringuillas no deben funcionar de manera aislada. Recomienda integrarlos con pruebas y tratamiento del VIH y hepatitis, tratamiento para la dependencia de opioides, atención en salud mental y servicios sociales. Esta integración facilita una respuesta más completa y centrada en la persona, y mejora los resultados sanitarios.
Otro punto relevante es la atención en entornos cerrados, como prisiones. La OMS recuerda que el riesgo de transmisión de infecciones puede ser elevado en estos espacios y subraya la necesidad de adaptar las intervenciones manteniendo el principio de equivalencia en la atención sanitaria entre personas privadas de libertad y la población general.
En materia de seguimiento y evaluación, el documento propone indicadores y herramientas prácticas para medir cobertura, calidad y resultados. La monitorización continua permite identificar brechas, ajustar estrategias y demostrar impacto ante financiadores y responsables políticos. Además, la guía subraya la importancia de asegurar financiación sostenible a largo plazo, evitando depender exclusivamente de proyectos puntuales o fondos externos.
En un contexto en el que la transmisión del VIH y la hepatitis entre personas que se inyectan drogas sigue siendo un reto en muchos países, la OMS insiste en que ampliar los programas de intercambio de jeringuillas no es una medida opcional, sino una intervención básica de salud pública. La guía pretende facilitar ese paso, especialmente en los entornos donde estos servicios aún son escasos o inexistentes.



