Mujer en la treintena que acude a un acto lúdico aparentemente seguro y acaba despertando aturdida, resacosa y con signos evidentes de haber sido agredida sexualmente. Este es el perfil de las vÍctimas de la denominada sumisión química, un acto delictivo que parece estar aumentando en España.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.