Las bebidas energéticas se comercializan para reducir el cansancio y mejorar la concentración, además de aumentar la energía. Una bebida energética media de 250 ml contiene una cantidad de cafeína similar a la de un café expreso de 60 ml. Muchas de estas bebidas también contienen otros ingredientes activos, como el guaraná y la taurina (estimulantes) y azúcar, aunque también hay opciones sin azúcar.
La combinación puede tener reacciones adversas peligrosas para la salud. Según los últimos datos de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, el 70% de los adolescentes consumen bebidas energéticas.
Expertos del hospital Vithas Nisa han advertido de la sobreexcitación y obesidad como principales riesgos de las bebidas energéticas, que están comercializadas "con nombres de animales o seres a los que se presupone gran energía", y han detallado que, según el informe del Observatorio Español de Drogas y Toxicomanías, la edad de consumo de este tipo de bebidas en adolescentes se sitúa entre los 14 y los 18 años.
Investigadores de la Universidad de Sidney y el Instituto Centenario de Australia han descubierto que el consumo de bebidas energéticas puede desenmascarar determinados trastornos cardiacos de origen genético como el síndrome QT largo, una anomalía en el sistema de conducción del corazón.
La cafeína y el azúcar son los ingredientes principales de los energéticos y se presentan en grandes cantidades. Este tipo de bebidas son sintéticas, creadas en laboratorios para conseguir sus efectos energéticos. Aunque algunos componentes por sí mismos no son un peligro, sí pueden serlo al mezclarse con la cafeína.
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