El abuso crónico de esta sustancia cambia de forma significativa el funcionamiento del cerebro y puede provocar una pérdida extrema de peso, ansiedad, insomnio, comportamiento violento, e incluso paranoia, entre otros efectos nocivos para la salud.
Los costes derivados del abuso de esta sustancia ascienden a 18.000 millones de euros. Es la segunda droga más consumida en el mundo, después de la marihuana.
La reforma impulsada por el Gobierno de República Checa para trasladar la coordinación de la política de drogas al Ministerio de Salud ha generado críticas entre profesionales y antiguos responsables del sector.