51 personas ha usado en una semana las dependencias de Bilbao. El perfil corresponde a un varón "sin techo" de 35 años que se administra la droga por vía intravenosa, y con varios fracasos en tratamientos de desintoxicación.
Aunque el consumo de esta sustancia está en retroceso y en general los heroinómanos que entran en prisión son viejos consumidores que tienen delitos pendientes y cuya edad media se acerca cada vez más a los 40 años.
Una profesora sorprendió la semana pasada a una de sus alumnas de cinco años distribuyendo cocaína, heroína y éxtasis a sus compañeros de clase, en un colegio de educación primaria holandés.
Si bien para otros compuestos se conocen terapias eficaces y fármacos que ayudan a superar esta adicción en su fase más aguda, en lo referente a la coca, todavía existe un gran vacío farmacológico que científicos de todo el mundo están tratando de llenar.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.