La industria del alcohol ha llegado a una conclusión interesante. Quizás la Generación Z esté menos interesada por la bebida que los millenials, pero eso no la hace inmune a un reclamo a prueba de edades: la curiosidad. Partiendo de esa premisa las firmas dedicadas a elaborar destilados y vinos han decidido reenfocar su estrategia y apostar por nuevos productos que apelan a los más jóvenes. Y eso pasa tanto por el vino no/low como por el tequifresa o chocolate Dubái.
El objetivo es claro: conectar con una cohorte demográfica que parece estar perdiendo el interés por el alcohol y decidirá el futuro de la industria.



