Australia ha relajado algunos requisitos para el uso médico de MDMA y psilocibina en psicoterapia asistida. La decisión podría facilitar el acceso a estos tratamientos, pero también abre preguntas sobre la seguridad, la formación de los profesionales y el seguimiento de sus resultados.
Según un análisis publicado por The Conversation, firmado por Thileepan Naren, Myfanwy Graham y Suzanne Nielsen, el cambio afecta a la organización de las sesiones terapéuticas con estas sustancias. Hasta ahora, el psiquiatra autorizado debía permanecer con el paciente durante toda la sesión. Con los criterios actualizados, deberá estar presente en el momento de la administración, pero no necesariamente durante toda la jornada de dosificación.
La medida se enmarca en el modelo australiano vigente desde el 1 de julio de 2023, que permite a psiquiatras autorizados prescribir MDMA para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático y psilocibina para la depresión resistente al tratamiento, dentro de la psicoterapia asistida con psicodélicos y bajo controles estrictos.
La flexibilización no supone una autorización sin condiciones. Las sesiones de dosificación deben contar con al menos dos profesionales, y uno de ellos debe estar registrado en un organismo profesional reconocido, como psicología clínica, medicina, enfermería, matronas o terapia ocupacional, siempre dentro de su ámbito de práctica. Además, el psiquiatra autorizado sigue siendo responsable de seleccionar al paciente, obtener el consentimiento informado, supervisar el tratamiento y definir la composición del equipo terapéutico.
El cambio puede reducir costes y facilitar el acceso, especialmente en un contexto en el que la disponibilidad de psiquiatras y psicólogos clínicos puede limitar la oferta de estas terapias. Sin embargo, los autores advierten de que ampliar el acceso sin una supervisión sólida también puede generar riesgos, sobre todo en pacientes con problemas de salud mental graves o historias de trauma.
Por eso, Naren, Graham y Nielsen plantean tres necesidades principales: estandarizar la formación de los profesionales que participan en psicoterapia asistida con psicodélicos, crear un registro nacional de resultados y posibles daños notificados por pacientes y clínicos, y garantizar que cualquier nuevo cambio regulatorio esté respaldado por evidencia suficiente.
El caso australiano puede servir de referencia para otros países que estudian incorporar estas terapias. El reto será ampliar el acceso sin rebajar la seguridad, la formación profesional ni el seguimiento de los resultados.



