En agosto de 2024, Miishu La Rue grabó un video en TikTok. Tenía 28 años, vivía en Puerto Montt. Dijo que usaba pañales, que la ketamina le había destruido la vejiga, que no podía tener vida social. En el Hospital de Puerto Montt, el fentanilo y la morfina no le calmaron el dolor. Un médico le comentó que era muy tolerante a los analgésicos. «La keta me ganó», grabó. «Me destruyó la vida.»
Su caso tiene dieciocho réplicas en Chile. Los 19 pacientes registrados tenían en promedio 26 años. En España, el consumo de ketamina creció durante años sin que los servicios de salud incorporaran esta complicación en sus formularios de guardia. La condición lleva casi veinte años documentada y la pregunta clínica sigue sin hacerse.
Una vejiga de 50 mililitros
El cuerpo metaboliza la ketamina y produce compuestos que terminan concentrados en la orina. Uno de ellos daña el urotelio, la capa que recubre la vejiga por dentro. Con el tiempo, esa capa se inflama y pierde la capacidad de regenerarse. La pared se vuelve rígida. El órgano se achica.
Una vejiga sana almacena entre 400 y 500 mililitros. En los casos avanzados, ese volumen cae a 50 o 100. La persona siente urgencia constante, ardor en la pelvis y la uretra, y en muchos casos orina con sangre. Varios pacientes en Chile llegaron al punto en que la única salida fue una enterocistoplastia: ampliar el órgano con un injerto de intestino.
La alteración tiene nombre clínico desde hace más de una década. Un trabajo publicado en Actas Urológicas Españolas describe la inflamación progresiva del urotelio y los síntomas que llevan con frecuencia a un diagnóstico equivocado durante meses.
Diecinueve pacientes, seis meses equivocados
La Dra. Natalia Calvo Alarcón, uróloga y académica de la Universidad de Valparaíso, coordinó un estudio que documentó 19 casos chilenos de cistitis por ketamina. Colaboraron 18 urólogos de distintas regiones. Todos tenían en promedio 26 años. Ninguno arrastraba problemas urinarios previos.
El tiempo promedio entre el inicio del uso y los primeros síntomas fue de ocho meses. Luego vinieron otros seis hasta identificar la causa real. En ese intervalo, los trataron por infecciones, cálculos renales, procesos inmunológicos o sospecha de tumor. A ninguno le preguntaron si consumía ketamina.
El estudio identificó un patrón que no figura en los manuales: la pregunta que podría resolver el cuadro desde la primera consulta no se hace. Un caso clínico publicado en la Revista Argentina de Urología documenta el mismo recorrido en Argentina: síntomas severos, derivaciones entre especialistas y semanas perdidas sin que nadie preguntara por el consumo.
La pregunta que nadie hace
La cistitis por ketamina imita condiciones frecuentes. El médico que atiende a alguien con ardor al orinar y sangre en la orina descarta primero infecciones y luego cálculos. El urocultivo sale negativo. La ecografía tampoco encuentra nada. Ese ciclo puede durar meses mientras el tejido pierde capacidad de regenerarse.
Los médicos de guardia no preguntan por uso recreativo de sustancias. La persona tampoco lo menciona. La vergüenza o el temor a ser juzgada cortan esa conversación antes de que empiece. El tiempo pasa y el daño avanza sin que nadie lo anote.
En Chile, el Instituto de Salud Pública determinó que el 82 por ciento de las muestras de ketamina incautadas venían adulteradas con otras sustancias. El médico de guardia, entonces, no sabe qué mezcla está viendo. Y aunque la sustancia sea pura, nadie pregunta.
Barcelona, capital europea de ketamina
Barcelona lidera en Europa las mediciones de ketamina en aguas residuales, por delante de Ámsterdam o Berlín. El Plan Nacional sobre Drogas y la EUDA documentan en España un crecimiento sostenido que se aceleró después de la pandemia.
El uso está ligado al ocio nocturno, pero también a personas que la combinan con otras sustancias. El mercado del tusi —que en muchos casos lleva ketamina— creció en Madrid, Valencia y Bilbao en los últimos años.
Los servicios de salud españoles tampoco tienen procedimientos para identificar esta lesión vesical. Alguien que llega a urgencias con dolor pélvico severo, ganas urgentes de orinar y sangre en la orina puede pasar meses con diagnósticos equivocados, como ocurre en Chile.
Dos países, ningún protocolo
Chile y España llegaron al problema por caminos distintos. En Chile, la sustancia entra principalmente por el norte. Arica, Tarapacá y Antofagasta concentraron el 83,5 por ciento de los decomisos de 2024. Ese año se incautaron cerca de 1,9 millones de unidades, un 52,8 por ciento más que en 2023. Las muestras analizadas por el ISP pasaron de dos en 2014 a 3.922 en 2024.
En España, la distribución es más urbana. La ketamina circula principalmente en grandes ciudades y sus datos de consumo en aguas residuales colocan a Barcelona como referencia continental.
En ambos países, la ketamina creció mientras las guardias médicas se quedaron sin actualizar. La cistitis por ketamina fue documentada en 2007 y no aparece como posibilidad diagnóstica en Chile ni en España, dieciocho años después.
Sin marcha atrás
La vejiga dañada por ketamina tiene un punto sin retorno. Si la persona abandona el uso en los primeros estadios, el proceso puede frenarse y en algunos casos hay recuperación parcial. Una vez que el tejido se fibrosó y el órgano se contrajo, la única salida es la cirugía. Y no siempre alcanza.
Quienes llegaron con capacidades de 50 mililitros pasaron por intervenciones complejas. Algunos siguen con síntomas. Miishu La Rue llegó al hospital con un dolor que no cedía con morfina. No hay registro público de cómo evolucionó su caso. Solo quedó el video: 28 años y pañales.
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La información médica sobre el daño que la ketamina provoca en la vejiga existe desde hace casi veinte años. Tiene mecanismo conocido, síntomas reconocibles y documentación publicada en revistas especializadas. Los formularios de urgencias no lo incluyen y los médicos no lo preguntan. Mientras eso no cambie en Chile y en España, el caso de Miishu La Rue va a seguir siendo norma.
Fuentes
Calvo Alarcón, N. et al. Estudio multicéntrico chileno sobre cistitis por ketamina. 19 casos, 18 urólogos colaboradores. Universidad de Valparaíso.
Cistitis y disfunción vesical asociada al consumo de ketamina. Actas Urológicas Españolas, Elsevier. elsevier.es/actas-urologicas-espanolas
Cistitis ulcerativa producida por ketamina. Caso clínico. Revista Argentina de Urología. revistasau.org
Instituto de Salud Pública de Chile (ISP). Estudio sobre muestras de ketamina incautadas, 2024. ispch.gob.cl
Subsecretaría de Seguridad Pública de Chile. Datos de decomisos de ketamina 2024.
Plan Nacional sobre Drogas (PNSD). Informe sobre consumo de drogas en España. pnsd.sanidad.gob.es
European Union Drugs Agency (EUDA). European Drug Report 2025. euda.europa.eu
Biobiochile Investiga. «Iba al baño cada 10 minutos, me salía sangre»: cómo la ketamina destruye por dentro a consumidores. biobiochile.cl, agosto 2025.



