Un nuevo estudio publicado en JAMA Network Open analiza la relación entre la duración de la primera prescripción de los llamados fármacos Z —zolpidem, eszopiclona y zaleplón—, los hipnóticos más recetados para el insomnio en Estados Unidos, y su utilización posterior a largo plazo. La investigación, firmada por un equipo de la University of Southern California, la Northwestern University y la University of Washington, siguió durante ocho años a 129.287 personas adultas sin consumo previo de estos medicamentos, a partir de registros administrativos de seguros sanitarios estadounidenses entre 2007 y 2024.
Las diferencias son especialmente marcadas en el primer año. Entre quienes recibieron inicialmente un suministro de entre 1 y 14 días, el 15,6 % volvió a retirar una receta de fármacos Z, frente al 49,5 % de quienes habían recibido 35 días o más. Esa distancia se estrecha con el tiempo, pero no desaparece: siete años después seguían retirando recetas el 7,9 % del primer grupo, el 11,5 % de quienes recibieron entre 15 y 24 días, el 15,6 % de quienes recibieron entre 25 y 34 días y el 18,9 % de quienes recibieron 35 días o más. El patrón se repite en los indicadores de consumo intensivo: quienes empezaron con más días también acumularon más probabilidad de recibir suministros anuales de 180 días o más.
Un dato de contexto resulta especialmente revelador: el suministro inicial medio fue de 27 días y siete de cada diez personas de la muestra arrancaron con prescripciones de entre 25 y 34 días, muy por encima de la duración breve que recomiendan las guías clínicas para estos fármacos, cuyos riesgos incluyen la dependencia y las fracturas. La edad media de la muestra era de 58,7 años, el 44,3 % tenía 65 años o más y el 59,3 % eran mujeres.
Los autores advierten de que el diseño observacional no permite establecer causalidad, y concretan el motivo principal: como la duración inicial no se asignó de forma aleatoria, la asociación podría reflejar una confusión por indicación —es decir, que las prescripciones más largas se dieran a personas con un insomnio más grave o crónico, que por eso mismo tenían más probabilidad de seguir tomando estos fármacos—. Señalan también que los datos de facturación registran la retirada de la receta en la farmacia, no el consumo efectivo, y que exigir ocho años de cobertura continua pudo dejar fuera precisamente a los perfiles de mayor riesgo. Con esas cautelas, concluyen que la asociación entre duración inicial y uso posterior es persistente, y apuntan que las estrategias dirigidas a la decisión de prescripción inicial —como modificar las opciones predeterminadas en los sistemas de historia clínica electrónica— merecerían más investigación.
Referencia: Cloughesy JN, Thunell J, Liu X, et al. Initial Z-Drug Prescription Duration and Long-Term Use. JAMA Network Open. 2026;9(9):e2632006. Publicado el 3 de septiembre de 2026.



