La Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (DGPNSD) ha publicado una nueva estimación de la mortalidad atribuible al alcohol en España, que actualiza hasta 2021 la serie iniciada con el estudio ISCIII-2017. En las dos primeras décadas del siglo, el alcohol se cobró 307.407 vidas entre la población de 15 años y más. Solo en 2021 causó 14.486 muertes; descontadas las 599 que el consumo evitó por determinadas enfermedades metabólicas, el saldo fue de 13.887, un 3,3 % de toda la mortalidad registrada ese año.
El perfil de daño desmiente la imagen social del alcohol asociada sobre todo a accidentes e intoxicaciones. La primera causa de muerte atribuible es el cáncer (5.805), seguida de las enfermedades digestivas (5.303) y, a distancia, de las causas externas (2.605). El 64,9 % de esas muertes se produjeron antes de los 75 años, y la contribución del alcohol a la mortalidad general alcanza su máximo entre los 35 y los 54 años, donde explica el 9,7 % de todas las defunciones: es decir, mata sobre todo en plena edad adulta y por enfermedades de desarrollo lento.
La brecha por sexo es amplia —el 78,3 % de las muertes se produjeron en hombres y la tasa masculina fue 4,6 veces mayor, llegando a 7,0 veces en las causas externas—, pero el dato más relevante para la prevención está en la composición del riesgo. En los hombres, el consumo excesivo (más de 60 g/día) explica el 79,6 % de la tasa de mortalidad atribuible; en las mujeres, el consumo excesivo (más de 40 g/día) solo explica el 51,6 %. Casi la mitad de la mortalidad atribuible femenina procede, por tanto, de consumos que no entran en ninguna categoría de riesgo elevado, un patrón coherente con el peso del cáncer entre las causas.
El informe documenta también una mejora sostenida y desigualdades territoriales persistentes: entre 2001-2004 y 2021 la tasa estandarizada descendió un 34,7 %, con caídas del 64,6 % en el grupo de 35 a 44 años, mientras que en el período 2010-2021 Asturias (42,1 por 100.000), Galicia (40,0) y Ceuta y Melilla (38,8) siguen muy por encima de Madrid (26,5). Los autores subrayan que su estimación es conservadora —excluye las patologías sin evidencia causal suficiente— y recomiendan reforzar las estrategias preventivas en las comunidades con mayor riesgo y descenso más lento.



