Durante miles de años, se ha utilizado el cannabis con fines recreativos, ritualistas y medicinales. En la era moderna, esta última propiedad entusiasma a muchas personas y no son pocos los que aseguran los supuestos beneficios médicos de esta planta. De todas las afirmaciones, quizás la más atrevida sea la aseveración de que el cannabis puede curar el cáncer.
Un creciente número de estudios epidemiológicos indican que el consumo de alcohol, incluso en cantidades moderadas, es un factor de riesgo para el desarrollo de varios tipos de cáncer.
En España se detectan cada año unos 12.000 nuevos casos de cáncer de cabeza y cuello pero el mayor consumo de tabaco entre las mujeres y la asociación con el virus del papiloma humano (VPH) está provocando un aumento significativo de casos en población más joven.
Diversos científicos han medido el catastrófico daño genético causado por el tabaquismo en diferentes órganos del cuerpo e identificado varios mecanismos distintos por los cuales el tabaco causa mutaciones en el ADN.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.