En los últimos años del pasado siglo, el número de adolescentes estadounidenses entre 12 y 17 años que solicitaron tratamiento debido a su adicción a las drogas, ha aumentado en un 20%.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.