Un estudio realizado en cuatro países europeos revela que el centro sanitario británico presenta una tasa mayor de uso de drogas inyectables y de sexo no consentido.
El 48,4% de los estudiantes de 14 a 18 años ha probado cigarrillos electrónicos, frente al 20,1% de 2016. Desde 2010, la percepción de riesgo del cannabis es menor que la del tabaco. El consumo de alcohol reciente desciende (del 67% al 58,5%), pero aumentan las borracheras en el último mes (el 24,3% frente al 21,8%). Por primera vez, la encuesta recoge el consumo de videojuegos: el 82,2% dice haber jugado a videojuegos en el último año. El uso compulsivo de internet se ha estabilizado en un 20%. El consumo de cocaína alcanza mínimos históricos: menos del 1% de los jóvenes reconoce haberla consumido en el último mes.
Diego Fernández Piedra. Investigador contratado por el Ayuntamiento del Real Sitio de San Ildefonso (Segovia). dfpiedra6_7@hotmail.com
Berta de la Vega Moreno. Coordinadora del proyecto Energy...
Las investigaciones sugieren que estas drogas pueden ayudar a tratar enfermedades tan comunes como la depresión, si se administran bajo supervisión médica.
La ley de drogas de Argentina cumple 30 años este fin de semana, y a pesar de que la Corte Suprema de Justicia recomendó hace una década dejar de perseguir a los usuarios de sustancias psicoactivas con el trascendental fallo Arriola, las estadísticas muestran que hay casi tantos detenidos por tenencia de sustancias o cultivo de cannabis que por comercialización.
En la actualidad, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) identifica los trastornos por uso de sustancias (TUS) como trastornos primarios...
En el libro “Écrits stupéfiants” (escritos estupefacientes), la francesa Cécile Guilbert investiga sobre la relación entre literatura y drogas. La ensayista pasó años estudiando los textos literarios en búsqueda de información sobre los productos consumidos por sus autores.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.