Peter McKenna, investigador del CIBERSAM perteneciente al grupo coordinado por Edith Pomarol en FIDMAG Hermanas Hospitalarias, ha participado en una revisión exhaustiva sobre esquizofrenia que se ha publicado en la revista científica 'The Lancet'.
El ministerio federal de Salud reconoce con esta medida los beneficios terapéuticos de sustancias como la psilocibina y el MDMA. Podrán solicitarlas los médicos para algunos pacientes
"Mis experiencias y las de mis pacientes parecen estar más en línea con la forma en que los escritores de los siglos XVI y XVII describieron la adicción: una elección desordenada, decisiones que salieron mal"
MDMA para el tratamiento de la ansiedad social, alcoholismo y estrés postraumático; psilocibina para la anorexia, depresión y alcoholismo; DMT para la depresión y el alcoholismo y CBD para la ansiedad
El aumento del tiempo que los menores han dedicado, durante el confinamiento, a las pantallas de los móviles, a la televisión u ordenadores, ha sido relacionado con un peor estado mental, según ha recogido un estudio canadiense.
El término “trastorno por uso de sustancias” mezcla inapropiadamente los problemas de salud mental con el uso y o la dependencia de drogas y produce el efecto de alienar a las personas que usan drogas y que no confundirían su uso de drogas con ninguna forma de “trastorno”.
Los problemas de salud mental y la drogodependencia pueden surgir de los mismos factores estructurales, como la pobreza, la falta de acceso a la atención médica y otros servicios, la falta de vivienda y el estigma y la discriminación.
En un momento de creciente preocupación por la incidencia de problemas de salud mental y adicciones en todo el mundo, la investigación clínica con psicodélicos para el tratamiento de depresión, ansiedad, adicciones y estrés post traumático promete revolucionar el campo de la salud mental y el futuro de los tratamientos, si los usamos con responsabilidad y prudencia.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.