El Gobierno británico tendría previsto presentar en los próximos días un plan para erradicar el tabaco del país en 11 años. El objetivo es que en 2030 todos los fumadores hayan abandonado este hábito o se hayan pasado al cigarrillo electrónico.
La gran cuestión que ha protagonizado la campaña para suceder a Theresa May en Reino Unido hasta ahora es si los candidatos han consumido drogas. En EEUU, Bill Clinton dijo que había "experimentado" con la marihuana pero que "no se había tragado" el humo. Los votantes se cachondearon, pero no le pasó factura. En España, Pablo Iglesias ha dicho que fumó porros "de jovencito", Albert Rivera "alguna vez" y Pedro Sánchez prefiere "pasar palabra".
Los peligros para la salud asociados con el consumo del tabaco, especialmente a través de cigarrillos, están bien documentados, pero hay un riesgo en particular al cual la mayoría de fumadores le hace caso omiso: la ceguera.
La "guerra contra el narco" dura ya casi medio siglo y no da señales de acabar, como tampoco el narcotráfico. La producción de coca se ha disparado, el apetito de EEUU y Europa es insaciable y México bate récords de asesinatos
En toda Europa, la supervisión médica de adictos está reduciendo drásticamente la tasa de muertes relacionadas con los estupefacientes. "Esta gente está muy enferma, no pueden dejar las drogas de golpe", afirma Anders Larsen, trabajador social y químico de uno de estos espacios.
La nueva normativa, que anunció el ministro del Interior británico, Sajid Javid, el pasado mes de julio, autoriza a los médicos especialistas a recetar estos productos, pero no a lo doctores de cabecera, y solo en un número reducido de casos.
Las zonas donde hay más puntos de venta de alcohol tienen una tasa mayor de hospitalizaciones relacionadas con riesgos producidos por dichas bebidas, según un estudio de la Universidad de Sheffield, Reino Unido.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.