En un momento en que la salud mental está cada vez más presente en el debate público, también lo está la tendencia a responder al malestar con soluciones rápidas y farmacológicas.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.