Los trabajos de esta investigadora francesa han servido para conocer los mecanismos de la adicción en el cerebro e investigar con decenas de medicamentos contra el dolor y la depresión. Sus esfuerzos podrían concluir con el hallazgo de analgésicos derivados del opio que no crearán dependencia.
Neurólogos en la Universidad de Western, en Lodon (Canadá), han descubierto el proceso molecular subyacente por el que se desarrolla la adicción a opiáceos en el cerebro.
The Lancet ha publicado el primer estudio global y sistemático sobre la prevalencia global de la dependencia al cannabis, las anfetaminas, la cocaína y los opiáceos (el MDMA y el LSD se han quedado fuera por falta de datos). Y sus resultados no son alentadores.
De acuerdo con los últimos datos del Observatorio Español de las Toxicomanías, alrededor de 80.000 pacientes reciben tratamiento de mantenimiento con metadona en España.
Un estudio canadiense muestra que la terapia con diacetilmorfina es rentable. Además de mejorar la salud física y mental, reduce las actividades delictivas.
Esta es una de las conclusiones del X Congreso Médico Internacional sobre el tema, celebrado en Madrid bajo el título “Mejorado los resultados en el tratamiento de la dependencia a opiáceos”.
Inyecciones del ingrediente activo de la heroína funcionan mucho mejor que la metadona oral a la hora de mantener en tratamiento a algunos adictos a esa sustancia, además de alejarlos de las drogas ilegales y otros problemas delictivos, informaron investigadores canadienses.
Científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, en California (Estados Unidos), han descubierto un fármaco no adictivo capaz de prevenir los síntomas de la retirada de opioáceos con un bajo riesgo de provocar efectos secundarios. El medicamento se llama ondansetron y está aprobado actualmente para el tratamiento del dolor, náuseas y vómitos. Según el equipo de investigadores, a partir de ahora podría ser útil también para evitar problemas derivados del tratamiento con potentes analgésicos opiáceos que pueden terminar por crear dependencia en el paciente.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.