Los adolescentes adictos a los móviles e internet sufren un desequilibrio en los niveles de neurotransmisores implicados en la regulación de distintas funciones cerebrales.
Científicos de la Universidad de Maastricht (Holanda) han comprobado que una sola dosis de cocaína altera directamente a nuestro cerebro, modificando la percepción de las emociones básicas e interfiriendo a la hora de reconocer emociones negativas como la tristeza o los celos.
Los trabajos de esta investigadora francesa han servido para conocer los mecanismos de la adicción en el cerebro e investigar con decenas de medicamentos contra el dolor y la depresión. Sus esfuerzos podrían concluir con el hallazgo de analgésicos derivados del opio que no crearán dependencia.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.