La ingesta de una dosis de cocaína genera cambios en varias zonas cerebrales. Las áreas alteradas se vinculan con la toma de decisiones y el aprendizaje.
La exposición crónica al alcohol puede causar un déficit con respecto a la forma en que los centros cerebrales cognitivos controlan las emociones, según un estudio estadounidense.
Un estudio en que se empleó el test de la señal de detención muestra que las conexiones son diferentes en un caso y en otro, lo que sugiere que el origen neuronal de estas conductas sería distinto.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.