El miedo al castigo social, entre otros factores estructurales, genera condiciones que convierten la experiencia de la adicción en algo muy diferente para hombres y para mujeres.
Las mujeres son capaces de recordar con exactitud detalles de agresiones sexuales y violaciones, incluso si han bebido o esperaban beber cantidades moderadas de alcohol, según un estudio realizado en la Universidad de Birmingham (Reino Unido), publicado en la revista 'Frontiers in Psychology'.
Desde los años noventa, la mortalidad atribuida al consumo de tabaco en mujeres está aumentando, sobre todo por cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares.
José Luis Neyro, médico especialista en Obstetricia y Ginecología y presidente de sección de Relaciones con Hispanoamérica de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (ACMB), ha advertido de que "las jóvenes fumadoras tienen un 250 por ciento más riesgo de desarrollar cáncer de cérvix".
Esta diferencia con los hombres se debe a múltiples factores: el dimorfismo sexual del cerebro, las distinciones hormonales o una mayor revictimización como factor sociocultural
Ser adicta se considera como una traición al papel culturalmente asignado a la mujer. Esto supone un obstáculo más para que ellas puedan acceder a programas de rehabilitación.
Entre los participantes que dieron positivo en la prueba de fentanilo, 7 (47 %) posteriormente utilizaron menos cantidad de la sustancia prevista, 1 no usó la sustancia prevista y 7 (47 %) no cambiaron su comportamiento.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.