Naipes, dados, ruleta, loterías. Pueden atrapar a una persona y no volverla a soltar. La aprisionan tanto como lo hace el mismo cigarrillo o el alcohol. Y así, esta persona se convierte en un dicto más. Adicto al juego o ludópata.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.