Hoy, el promedio de los que piden píldoras es de 30 años. En el país las toman 5 millones de personas. Y advierten que su abuso puede empeorar los trastornos del sueño.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.