Los estudiantes acostumbran a fumar porros antes de entrar a clase o durante el recreo. Los expertos recomiendan a los padres que «hablen con sus hijos».
La policía remite un escrito que detalla la sustancia que tomaba y el lugar público donde fue sorprendido . Los adolescentes se reúnen en calles céntricas y en las plazas cercanas a las zonas de marcha.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.