Según un editorial del diario canadiense The Globe and Mail, las estrategias de reducción de daños, como la legalización, la sustitución (o la prescripción) de opiáceos y los centros de inyección supervisada, han demostrado su eficacia en países como Portugal y Suiza.
No hay un solo dato que implique que los Gobiernos, demócratas o republicanos, liberales o conservadores, hayan logrado avances para disminuir el consumo de drogas.
La presencia de fentanilo pasa desapercibida, pero potencia los efectos de la heroína hasta 100 veces, lo que aumenta el riesgo de que se produzcan sobredosis.
El fentanilo es un opioide sintético más potente que la morfina y la heroína. En Vancouver se ha llevado a cabo un proyecto piloto para analizar la adulteración de la heroína con fentanilo que se consume por vía parenteral. La hipótesis es que a mayor adulteración con este opioide sintético, más probabilidad de padecer una sobredosis. Los resultados son muy abrumadores, ya que un 79% de las muestras analizadas llevaban fentanilo y la probabilidad de sobredosis era de seis veces superior cuando se encontró esta sustancia en las muestras analizadas.
Un estudio canadiense demuestra que el 80% de la droga está adulterada con fentanilo. El fentanilo es un potente analgésico de uso médico, originalmente diseñado para paliar el dolor agudo en enfermos de cáncer, que al mezclarse con otras drogas como la heroína está provocando una epidemia de muertes por sobredosis en Estados Unidos y Canadá.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.