La unidad de Investigación de Psicobiología de las Drogodependencias de la Universitat de València (UV), en colaboración con la Pompeu Fabra de Barcelona, ha analizado el perfil de susceptibilidad neuroinflamatoria y conductual de ratones expuestos a estrés social y cómo han reaccionado ante los efectos de la cocaína.
Dos hermanos gemelos se sometieron a un experimento con sorpresivos resultados. Decidieron beber con distinta intensidad, aprovechando que sus cuerpos son similares. ¿Qué es peor? O, si lo prefiere: ¿qué es mejor para la salud: beber todos los días un par de copas (el límite de alcohol aconsejado por algunos expertos) o consumir el equivalente acumulado en una única y gran borrachera de fin de semana?
El trabajo, que se ha publicado en la revista Nature, ha estado encabezado por científicos de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU (NIH) y del Centro de Investigación Ernest Gallo en la Universidad de California en San Francisco (UCSF).
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.