En EEUU, la reciente muerte de siete personas relacionada con los cigarrillos electrónicos ha abierto el debate sobre sus riesgos. Trump estudia prohibirlos. Hay algunas certezas: no son inocuos para la salud y no son una puerta de salida al tabaco. Tampoco hay demostrada ninguna muerte en España causada por el vapeo. Y varias preguntas: se desconocen sus efectos a largo plazo y no se sabe qué sustancias han provocado las enfermedades ni los efectos sobre vapeadores pasivos.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos están investigando un grupo de enfermedades pulmonares que, según han afirmado, podrían estar relacionadas con el uso del cigarrillo electrónico.
La determinación presidencial para el año fiscal 2027, enviada al Congreso el 15 de septiembre y divulgada por el Departamento de Estado, ubica a esas naciones dentro de un listado de 23 países.
La campaña de Novig ha provocado la reacción de campeonas olímpicas por sexualizar el deporte femenino, mientras la polémica desplaza el problema central: una empresa de apuestas utiliza el cuerpo de la actriz y la batalla cultural para captar a un público especialmente expuesto a la ludopatía.
Un estudio sobre 129.287 personas adultas publicado en JAMA Network Open observa que quienes iniciaron el tratamiento con 35 días o más de suministro seguían retirando recetas de zolpidem, eszopiclona o zaleplón siete años después en un 18,9 % de los casos, frente al 7,9 % de quienes empezaron con 14 días o menos.
La sustancia, originalmente creada como sedante para elefantes, se vinculó junto a otros dos análogos a más de 12 mil 500 muertes registradas desde 2023 en Estados Unidos.