En EEUU, la reciente muerte de siete personas relacionada con los cigarrillos electrónicos ha abierto el debate sobre sus riesgos. Trump estudia prohibirlos. Hay algunas certezas: no son inocuos para la salud y no son una puerta de salida al tabaco. Tampoco hay demostrada ninguna muerte en España causada por el vapeo. Y varias preguntas: se desconocen sus efectos a largo plazo y no se sabe qué sustancias han provocado las enfermedades ni los efectos sobre vapeadores pasivos.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos están investigando un grupo de enfermedades pulmonares que, según han afirmado, podrían estar relacionadas con el uso del cigarrillo electrónico.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.