La prohibición de las drogas no solo está socavando la salud y la seguridad humanas. , está alimentando la destrucción ecológica y acelerando el cambio climático.
La producción de tabaco tiene un impacto directo sobre la deforestación, el empobrecimiento y la explotación de grupos socioeconómicos ya necesitados, la contaminación del agua, el cambio climático, la gestión de residuos y, aunque parezca mentira, la explotación infantil en el trabajo.
La Organización Mundial de Salud critica que se utilice el agua y las tierras de países de ingresos bajos y medios, donde se cultiva la mayor parte del tabaco, para este fin en vez de para producir alimentos necesarios para la zona.
Los filtros de los cigarrillos están hechos de microplásticos, concretamente fibras de celulosa. Cundo no se desechan correctamente los filtros se descomponen por la luz solar y la humedad y liberan los microplásticos.
Las emisiones producidas al cultivar la hierba que consume un consumidor promedio de cannabis de Colorado en un año equivalen al 60% de la huella de carbono total del hogar, según un informe reciente.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.